Cesca, historia de la silla más famosa del siglo XX

KNOLL

 

Hay iconos del diseño que son eternos, y que por muchos años y generaciones que pasen tienen una esencia que permanece intacta en el tiempo.

Es el caso de la silla Cesca, la silla con nombre de mujer. Un queridísimo icono del mobiliario que de un tiempo a esta parte se ha convertido en uno de los elementos de diseño más famosos de Instagram, pero mucho antes de eso ya era uno de los muebles más famosos del siglo.

Y es que en una época en la que nuestras casas adquieren casi todo el protagonismo, no está de más presumir de alguna pieza destacada y con historia como es la silla Cesca.

Aunque no lo parezca, esta silla fue creada en los años 20 por el húngaro Marcel Breuer, es una silla no exenta de polémica puesto que la atribución de su autoría ha generado dudas durante largo tiempo.

Breuer, fue uno de los arquitectos y diseñadores industriales más influyentes, perteneciente a la escuela alemana de la Bahuaus, fue pionero en el uso del acero tubular curvado para la fabricación de sillas, a él se le atribuye la famosa silla Wassily por la que el diseñador se inspiró en el acero tubular de su bicicleta. Breuer se centraba en crear muebles metálicos, con tubos de acero, funcionales que formaran parte de la vida moderna. De esa idea nació la silla B32, más conocida como la Cesca, en honor a su hija Francesca.

Marcel Breuer en su silla Wassily | GETTY

 

Pero su famoso diseño se vería para siempre condicionado por la duda, una duda perpetua que deja sobre el aire si un anterior Mart Stam copió su modelo, cuando un año antes presentó en el salón Weissenhof Siedlung de Stuggart una silla de acero tubular.

Según el experto en diseño Stephen Bayle para un artículo de El País:

«Breuer denunció que Stam le había robado la idea y esta acusación tuvo a los dos diseñadores en juicio hasta 1932. Stam ganó el caso.

El diseño de Stam se comenzó a producir en 1931 por Thonet como ‘la S43’. A él le interesaba su pureza formal, mientras la gente que se sentaba en ella disfrutaba la sensación de sentarse en el aire que proporcionaba la suspensión de los tubos horizontales flexibles de su estructura. Era, además, «una silla con dos patas». Una Freischwinger, la llamaban los alemanes.

Después de proceso judicial, la B33, una variante de la original de Breuer, se atribuyó a Stam en los catálogos de Thonet. Inevitablemente desencantado, en los cincuenta, Breuer asignó los derechos de la B32 a Dino Gavina, en Foligno (Italia). En este momento se dio a conocer como la Cesca, en honor a la hija de Breuer, Francesca. Luego, en 1968, la firma neoyorquina Knoll, especializada en diseño y diseñadores de mobiliario moderno, compró Gavina. La silla se sigue produciendo. »

Esta pieza clave del mobiliario del siglo XX con estructura en tubos de acero, asiento y respaldo en madera y rejilla ha sido imitada hasta la saciedad y no es para menos, ¿quién no quisiera sentarse en una silla tan sofisticada?

Tal ha sido su fama que la prestigiosa comisaria Cara MacCarty la ha nombrado como «una de las 10 sillas más importantes del siglo XX», y de hecho una de las originales está expuesta en el MoMa de Nueva York.

La Cesca enamora a primera vista, hay infinitas posibilidades para una misma pieza, allí donde se posa cambia el espacio. Pero, ¿cómo saber si es la original? La auténtica lleva el sello Knoll en el respaldo.

Una silla, mil espacios, infinitos momentos.

Cesca chair. Knoll
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